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“MIHAI YVERONICA” EMINESCU VISTO POR HÉCTOR MARTÍNEZ SANZ

RETRATO LITERARIO

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Hay novelas sobre poetas, las cuales normalmente novelan desde el punto de vista de la vida rutinaria. Son biografías noveladas, las más de las veces, cuyo punto está en la vida privada y en el día a día. Pero también hay novelas sobre poetas que caen más del lado de lo literario, en las que la vida rutinaria es lo de menos, en las que la creación literaria del poeta cobra una importancia total. Este es el caso de Mihai y Veronica de Héctor Martínez Sanz.

El protagonista, Mihai Eminescu, el poeta nacional rumano y una de las mayores voces del Romanticismo europeo, habita en un universo que él mismo creó a través de su poesía en vida: un edén de la naturaleza dominado por tilos, lirios de agua, las lagunas  y los bosques de su infancia. El marco son sus versos, aparecen junto a él desde el comienzo de…

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Mihai Eminescu, alegoría de su vida en “Mihai y Veronica”

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por David Huertas


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Título: Mihai y Veronica

Autor: Héctor Martínez Sanz

Año: 2016

Páginas: 258

ISBN: 978-15-2323-785-2

 

Mihai y Veronica, del escritor madrileño Héctor Martínez Sanz, es una novela romántica que se puede encuadrar dentro de la corriente literaria contemporánea, como una alegoría biográfica del poeta romántico Mihai Eminescu.

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El autor Héctor Martínez Sanz

El libro está narrado en tercera persona omnisciente. Se inicia con el poeta viviendo eternamente en el mundo natural creado por sus versos, entristecido por no estar junto a su amada. La naturaleza, contagiada de su pena, está en riesgo de desmoronarse. Sobre esta premisa se construye la trama, tejida al modo de Dante y La Divina Comedia, con nuestro poeta protagonista descendiendo a los infiernos en busca de su amada acompañado por un espectro cuyo rostro reflejará siempre la faz de aquél en quien piense el poeta.

La historia se desarrolla de manera principal sobre el tema amoroso, pero utiliza con habilidad el tema del infierno para recorrer la biografía del poeta. La narración es dinámica con un ritmo trepidante que no concede pausa a los acontecimientos. Estos dos puntos corren a su favor: emplear el tema literario del infierno y del amor de forma diferente a la habitual. Lo normal es usar el infierno para condenar a personajes, mientras que Héctor Martínez lo emplea para ensalzar y establecer una relación de igual a igual entre el poeta y grandes nombres de la historia, por un lado; por otro, el infierno se convierte en una alegoría de la propia vida del poeta.

En cuanto al tema amoroso, observamos que Héctor Martínez recrea el mito de Pigmalión. Éste, que decidió no casarse porque nunca encontró a la mujer perfecta, creó la escultura de una mujer, Galatea, de la que llega a enamorarse, y a la que Afrodita conferirá vida compadecida del escultor. En Mihai y Veronica, Mihai Eminescu busca a la que considera amada perfecta, Veronica, el llamado último gran amor del poeta, y en el transcurso de esta búsqueda, irán cruzándose en su camino otras amadas (Ana, Corina, Cassandra…) de las que fue tomando rasgos para construir la amada idealizada en sus versos. Hasta qué punto la amada que busca es la creación poética que él quiere ver en Veronica o es Veronica misma es el trasunto pigmaliónico de la novela, igual que lo fue en su vida. Para acentuar este punto, Héctor Martínez emplea el pronombre Ella como nombre propio de la amada perfecta, en el que convergen todas las amadas reales.

Los personajes son sólidos, verosímiles, pero teniendo en cuenta que nos movemos en los terrenos de la ficción mitológica. Mihai queda representado, sobre todo, desde su poesía, y sus decisiones y actos se enmarcan dentro del espíritu romántico: valiente, audaz, apasionado. El espectro sin rostro, guardián de las puertas del Infierno que le servirá de guía, como en Dante era Virgilio, es una ingeniosa maniobra ficcional para poner y cambiar otros personajes de la vida del poeta como Ion Creanga, Titu Maiorescu o Chibici Revneanu, además de emplearse para otras apariciones como la de Hölderlin, poeta con el que muy comúnmente se ha comparado a Eminescu. Aun así, el espectro no es tan sólo una excusa, sino que tiene entidad propia y un pasado que explica su historia y condición en los infiernos. El caso de Veronica es distinto, pues se trata del personaje de la amada, sobre el que orbita toda la confusión amorosa. Tiene una presencia más fantasmagórica y lúgubre, reforzado también por su vida: la Veronica real se suicidó. Es un espíritu atormentado que, a su vez, atormenta a Mihai Eminescu. Pero vuelvo a insistir: hay que valorar en este personaje hasta qué punto es real Veronica o hasta qué punto es la idealización lírica que el poeta ha creado, de la que se ha enamorado y que después no encuentra y de continuo se le escapa en la confusión.

Todo el elenco secundario sirve de marco doblemente: están los que conforman el infierno y los que conforman el mundo literario o el mundo biográfico de Mihai Eminescu. Por un lado, los barqueros Caronte y Flegias, el juez Minos, el monstruo Cerbero, Plutón y Perséfone, y otros que se incluyen con referencia mitológica como el minotauro o los centauros. Por otro lado, los rostros que ofrece el espectro (Ion, Titu, Chibici…), los padres de Mihai, su amante Cassandra, el oscuro Petrino, junto a el colectivo literario como filósofos, poetas, personajes literarios como Epistemon con los que dialoga.

Otro punto fuerte de la novela está en que Héctor Martínez haya empelado los textos y poemas de Mihai Eminescu para dar voz al propio poeta y crear las descripciones y atmósferas. Gran parte de los diálogos son construcciones que parten de versos de distintos poemas, y las descripciones de algunos escenarios y espacios también se han basado en ellos. En otras ocasiones, Héctor Martínez ha recurrido a otros poetas que aparecen en la novela y para los espacios de lugares reales entre monasterios (Varatec, donde está enterrada Veronica), castillos (Castillo Corvin de Hunedoara, donde estuvo preso Vlad Tepes) y esculturas como El Ángel caído del Parque del Retiro.

Destaca la atmósfera del Romanticismo que el autor ha sabido imprimir a la novela. No ya por el hecho de que Mihai Eminescu sea del Romántico tardío. Desde el principio, todo el universo y la naturaleza dependen del estado de ánimo del poeta, tal y como en el Romanticismo ocurre: la naturaleza ya no es un mero escenario idílico, sino que cobra un sentido simbólico que representa la subjetividad. Así ocurre con tres de los espacios naturales más propios de Eminescu, el bosque, el desierto y el lago, que los veremos aparecer en diferentes ocasiones con diferentes valores y estados emocionales.

En cuanto al último elemento narrativo, el tiempo, está presente, sobre todo, en hondas reflexiones en cuanto a la eternidad y la muerte. Un símbolo que toma al respecto es el de las estrellas, ya muertas y aún brillantes, ejemplificado en el siguiente fragmento cuya cita me resulta imposible obviar: «Las mismas estrellas sobre las que dibujaba sus versos hacía tiempo, mucho tiempo, que se apagaron. Sólo quedaba un débil fulgor momentáneo que ya era pasado lejano. Mihai conocía bien este secreto de los astros y por ello se abandonaba todas las noches, acunado por las aguas del lago, y posaba su mirada en aquel frágil centelleo mientras se preguntaba si no sería él otro resplandor tardío, muerto ya, como pura ilusión del tiempo.»; o aquel otro pasaje donde se pone en boca de Titu Maiorescu: «Si el efímero latido de un corazón sensible desea tomar la forma de la poesía, entonces desembocará en un mundo donde el tiempo carece de sentido.»

La novela cuenta con una sección final de Apéndices donde se revelan la gran mayoría de las referencias a los poemas, cameos, elementos biográficos, hechos históricos o espacios geográficos, pensado para que el lector pueda disfrutar plenamente la obra y el juego de referencias tan habitual en Héctor Martínez Sanz. Referencias que incluyen las propias obras del autor, teniendo en cuenta que ya en la novela Ixión (2015) Héctor Martínez se adentraba en el universo del mito y en el Inframundo griego: Hades (Plutón) y Perséfone, su palacio, Caronte, Minos, Cerbero, la presencia de los Centauros son elementos que aparecen también en aquella otra obra.

El homenaje a Mihai Eminescu es tal, que incluso el lanzamiento de la novela se produce en el mes de enero de este 2016, coincidiendo con el nacimiento del poeta, el 15 de enero, y con la primera publicación literaria suya 150 años antes, la composición La mormântul lui Aron Pumnul, fechada en enero de 1866 y dedicada a su fallecido profesor Aron Pumnul —lo cual, precisamente es referenciado también en el colofón de la novela.

Mihai y Veronica es, en conclusión, una gran alegoría poética de la vida de Mihai Eminescu levantada sobre el pedestal de toda la tradición literaria occidental. Cuanto está escrito tiene su razón de ser en este objetivo fundamental.

“Mihai y Veronica”, la novela sobre Mihai Eminescu


por Miguel Izquerdo


Publicada en enero de 2016, la novela de Héctor Martínez “Mihai y Veronica” cuenta de forma alegórica a través del infierno dantesco la vida del poeta romántico Mihai Eminescu y, sobre todo, su pasional amor por Veronica Micle


Datos del libro:

Título: Mihai y Veronica

Autor: Héctor Martínez Sanz

Características: Tapa blanda, 258 páginas

Fecha de publicación: enero 2016

Idioma: Español

ISBN: 978-1523237852

Héctor Martínez Sanz, autor de ensayos como “Comentarios a Unamuno” (2006), “Pentágono (2010), “Lectura de Tagore” (2015) y “Las Sombras de Cervantes” (2016), novelas como “Misión 109” (2013), “El Clan de la Hormiga” (2015) o “Ixión” (2015), además de poeta con “Antología Poética” (2014) y “Nocturnal” (2016), trae de su pluma la obra “Mihai y Veronica”, magistral esfuerzo en el género por ofrecer un texto para todos los públicos, desde el juvenil hasta el adulto, mezclando varios planos de lectura, galardonada en el Concurso “Eminescu visto por los españoles” en 2010.

Efectivamente, la novela puede leerse sin tener ninguna noción sobre Dante o Virgilio, sin conocer nada de mitología grecolatina, ignorando quiénes sean Teseo, Heracles, Orfeo y Eurídice; sin saber sobre Schopenhauer, Nietzsche, Platón o Kant; sin conocer las trazas y autores fundamentales del Romanticismo literario o renacentistas y barrocos. Incluso es posible seguir la novela desconociendo la vida y obra del protagonista, Mihai Eminescu. Este primer nivel de lectura sumergirá al lector en una novela épica y legendaria, tan caro al Romanticismo, de argumento sencillo y próximo al género de aventuras y hadas: el apuesto caballero que acude a rescatar a la princesa secuestrada, ayudado por magos y seres extraños, enfrentando en el camino peligros, obstáculos y monstruos, a los que irá venciendo de un modo u otro a través de su inteligencia y valor. Para este lector, existen los apéndices donde se desvelan, aunque no todas, sí las referencias más importantes para acceder a los otros planos.

De este modo, un segundo plano de lectura nos aproxima a los motivos extraliterarios por medio de la técnica de la alusión. Son innumerables las alusiones culturales e intelectuales, internacionales y rumanas, del pasado o contemporáneas de Mihai Eminescu, o incluso posteriores a él. Este nivel introduce un juego con el lector en el que el último se enfrenta al reto y desafío de la descodificación de las alusiones. Por otro lado, hay que señalar que las alusiones no se desarrollan gratuitamente, sino que son referencias del propio protagonista o de su época, o son usadas para valorar al poeta rumano junto a figuras de primer nivel y relevancia en el universo de las letras universales, empezando por el mismo Dante Alighieri y su La Divina Comedia. Frente al normal uso del infierno como recurso literario para condenar a personas reales, Héctor Martínez lo emplea para igualar al viajante con los grandes nombres, invirtiendo la antigua forma de tratar el infierno como tema literario.

En un tercer plano de lectura, emergen alusiones simbólicas propiamente rumanas y españolas, como puedan serlo la bandera o el escudo de Rumanía, las esculturas de Brancusi, el Ángel Caído en el Parque del Retiro de Madrid, la figura de Vlad Tepes, o espacios como el Castillo de Corvin, el Monasterio de Varatec, la Cueva de los Osos, Ipotesti, Iasi, o el recorrido inicial de un lucero por el cielo nocturno desde el Delta del Danubio y los Cárpatos hasta Botosani, dando una panorámica visual de la belleza geográfica de Rumanía.

Un cuarto plano de lectura es el que representa e interpreta la obra y biografía de Mihai Eminescu, a través de sus símbolos literarios, sus versos y vida. No pocas de las descripciones y diálogos tienen su origen en poemas como “Ce te legeni…”, “Atat de frageda”, “Mortua est!”, “Strigoii”, “Scrisoara I y III”, “Criticilor mei”, o, sobre todo, el “Luceafarul”. Pero también en la correspondencia del poeta con padres, amigos o con la propia Veronica. Con la mezcla de todos estos elementos, lo que descubrimos es una alegoría de la vida de Eminescu, desde la trascendencia del lago, el bosque y los elementos naturales de Ipostesti, su familia, pasando por la profunda amistad con Ion Creanga, su colaboración en Juminea, episodios como el acontecido con Petrino, relaciones amorosas más allá de Veronica, la alteración psicológica —de aquí el uso del infierno y de los laberintos— del poeta representada en la inclusión del personaje Alexandru Chibici Revneanu —quien lo acompañó al hospital mental— y, cómo no, el tratamiento o envenenamiento con mercurio. Todo ello envuelto del espíritu romántico como marco de su razón de ser. Pero, además, Héctor Martínez no se conforma con este juego de alusiones.

En el caso de Veronica Micle, en Mihai tenemos a un Pigmalión enamorado de su propia creación

Todavía va más allá, representando ciertos focos de polémica como puedan ser: la realidad religiosa de Mihai Eminescu o la realidad amorosa con Veronica.

En el caso del tema religioso el autor acude a la ambigüedad. Entre cristianismo católico y ortodoxo, el autor introduce a Eminescu en la ciudad de Dite, ciudad de herejes donde el protagonista se ve a sí mismo condenado para inmediatamente descubrir que se trata de una alucinación. Quepa señalar que el autor está teniendo en cuenta la fuerte influencia gnóstica en Eminescu así como el peso de las filosofías orientales, cuestiones que lo alejan de ambos polos de la polémica. Además, Eminescu comparte ciudad con Copérnico, Giordano Bruno, Keppler o con el recuerdo de Galileo, quienes, aún perdonados, permanecen con su huella en la ciudad de los herejes como un error que no se puede olvidar. Dicho de otro modo, más que introducirse en la polémica, Héctor Martínez ironiza sobre ella salvando a Eminescu junto a otros grandes excomulgados y acusados de pensamiento herético, hoy día liberados de sus pecados.

En cuanto a la turbulenta historia de amor con Veronica Micle, Héctor Martínez rechaza el punto de vista idealizador. Al contrario, a lo largo de toda la novela existe una confusión en cada personaje femenino a través del pronombre “ella” y resalta la dualidad ángel-demonio, con la que concluye, tan presente en Eminescu. En el caso de Veronica, cabría preguntarse si asistimos a una especie de Pigmalión enamorado de su propia creación o si estamos ante la Veronica real, de carne y hueso.

Cabe destacar también la riqueza léxica y expresiva de las descripciones, abandonando las actuales corrientes narrativas que prescinden del vocabulario y atienden a la precisión de la acción y el diálogo, con una imagen meramente utilitaria de la descripción de la escena. Los distintos lugares son descritos de modo que influencian siempre el desarrollo de la acción y la escena que en ellos sucede. De este modo, forma y fondo conviven en equilibrio, recurriendo, en ocasiones a visualizaciones pictóricas —tanto en la descripción como en el contraste de luz y sombra, brillo y oscuridad— o descripciones casi cinematográficas, rasgo más contemporáneo de la novela.

Aunque puede llegarse a pensar que la novela sigue una linealidad de camino recto, sin embargo, hay que subrayar la alteración de una lógica cronológica, yendo de la muerte y la inmortalidad a la vida mortal, o algunos saltos en flashback dentro y fuera del relato de la novela, que impedirían la asunción de la linealidad cronológica. De hecho, en el cuerpo del texto no faltan las anotaciones sobre el problema del tiempo en la eternidad inmortal o en la eternidad infernal, tema filosófico eminesciano, que el poeta llegó a identificar con el amor, de modo que el tiempo sin amor es una eternidad, y el tiempo con amor es fugacidad del instante e ilusión del segundo. El tiempo, por tanto, constituye otro símbolo más en la historia de amor y aventuras.

Héctor Martínez demuestra ser, no sólo un ávido lector de la poesía de Eminescu —e incluso de la prosa—, sino también un gran conocedor de la biografía del poeta, logrando transmitir una visión española de Mihai Eminescu no reduccionista a los tópicos habituales, sino trascendiendo las significaciones hasta construir un Mihai Eminescu de múltiples caras y facetas.

La portada de Mihai y Veronica: ecos de Dante y del Romanticismo

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Ary Scheffer, Francesca da Rimini y Paolo Malatesta ante Dante y Virgilio (1854) / Hamburger Kunsthalle

La portada de la novela Mihai y Veronica busca ser efectista. Recoge el motivo del cuadro de Ary Scheffer que vemos arriba y que, a su vez, toma la escena de la trágica historia amorosa de Francesca da Rimini y Paolo Malatesta inmortalizada por Dante Alighieri en La Divina Comedia. Y es a Dante y su obra a los que Héctor Martínez sigue para componer el viaje por el infierno del poeta Mihai Eminescu en busca de su amada Veronica, a la vez que se recuerdan otros episodios de pasión del poeta a lo largo de su biografía. Por otro lado, tanto Mihai Eminescu como Ary Scheffer pertenecen al romanticismo europeo, con lo que se cierra el círculo de la elección de la pintura para una portada que de un solo vistazo nos recuerda a Dante, al clasicismo, la pasión amorosa que se traza en paralelo, el infierno simbólico y el romanticismo. Así, la portada es síntesis de lo que el lector encontrará en el interior

Paolo Malatesta, llamado el Bello (apróx. 1246 – 1285), fue un político italiano, hijo de tercera generación de Malatesta da Verucchio (el dantesco “Mastin Vecchio”) y capo estirpe de la rama de los Malatesta de Giaggiolo (o Ghiaggiolo).

Se puede poner su nacimiento entre el 1246 y el 1248. La familia de Paolo fue capo estirpe de los Malatesta señores de Rimini. Tenía dos hermanos: Giovanni (llamado Gianciotto derivado de ‘Gianne lo sciancato’, es decir, ‘Juan el cojo’) y Malatestino, y una hermana, Maddalena.

Paolo se casó en el 1269 con Orabile Beatrice, la última heredera de los condes de Giaggiolo, un feudo situado en el Apenino forlivese, que estaba sin herederos masculinos. La casa de los Giaggiolo estaba aliada con la de Montefeltro (ambos gibelinos), en cambio los güelfos Malatesta eran enemigos, por esto el matrimonio fue seguramente el fruto de elecciones políticas. De esa unión nació un hijo varón Uberto, que llevó el título de conde, y una hija, Margherita. Paolo fue así el capo estirpe de los Malatesta de Giaggiolo.

Tradicionalmente Paolo fue retratado como una figura romántica, poco inclinado a las cuestiones de poder, más bien a la cultura y a los placeres de la vida. Recientes investigaciones revelan en cambio un joven muy atento a la política e inmerso en los juegos de poder de la época.

Paolo siguió al padre en los episodios bélicos contra los gibelinos: en el 1265 junto a su padre combatió contra Guido da Montefeltro y, en el mismo año, se peleó contra los Traversari junto a Guido da Polenta.

Sus dotes diplomáticas lo llevaron a ser elegido por el papa Martín IV como Capitán del Pueblo de Florencia en marzo del 1282. Aquí probablemente Dante tuvo la oportunidad de conocerlo. Con su regreso a Rimini, su promisoria carrera, apenas iniciada, fue interrumpida por su trágica muerte junto a Francesca.

Francesca, hija de Guido da Polenta, gobernante de Rávena (1275–1290) nació probablemente en aquella ciudad. Contrajo matrimonio en 1275 con Gianciotto Malatesta de Rímini, hermano de Paolo, fundamentalmente porque esta unión era importante por razones políticas para su padre. Francesca se sintió atraída por Paolo, y ambos se convirtieron en amantes. Cuando Gianciotto descubrió la relación que ambos mantenían, asesinó a la pareja.

Los estudios más recientes establecen que sucedió entre 1283 y 1285, cuando Gianciotto tenía poco más de 40 años, Paolo entre 37 y 39 años y Francesca entre 20 y 25 años. La historia está contada por primera vez en un memorable pasaje del Infierno (Canto V) de La Divina Comedia por Dante:

La tierra, en la que fui nacida, está
en la marina orilla a donde el Po desciende
para gozar de paz con sus afluentes.

Amor, que de un corazón gentil presto se adueña,
prendó a aquél por el hermoso cuerpo
que quitado me fue, y de forma que aún me ofende.

Amor, que no perdona amar a amado alguno,
me prendó del placer de este tan fuertemente
que, como ves, aún no me abandona.

Amor condújonos a una muerte:
el alma que nos mató caína tiene que la espera.
Así ella estas palabras dijo.

Al oir aquellas almas desgraciadas,
abatí el rostro, y tan abatido lo tuve,
que el Poeta me dijo: ¿Qué estás pensando?

Cuando respondí, comencé: ¡Ay infelices!
¡Cuán dulces ideas, cuántos deseos
no los trajo al doloroso paso!

Luego para hablarles me volví a ellos
diciendo: Francisca, tus martirios
me hacen llorar, triste y piadoso.

En tiempo de los dulces suspiros,
dime pues ¿Cómo amor os permitió
conocer deseos tan peligrosos?

Y ella a mi: No hay mayor dolor,
que, en la miseria recordar
el feliz tiempo, y eso tu Doctor lo sabe.

Pero si conocer la primera raíz
de nuestro amor deseas tanto,
haré como el que llora y habla.

Por entretenernos leíamos un día
de Lancelote, cómo el amor lo oprimiera;
estábamos solos, y sin sospecha alguna.

Muchas veces los ojos túvonos suspensos
la lectura, y descolorido el rostro:
mas sólo un punto nos dejó vencidos.

Cuando leímos que la deseada risa
besada fue por tal amante,
este que nunca de mí se había apartado

temblando entero me besó en la boca:
el libro fue y su autor, para nos Galeoto,
y desde entonces no más ya no leímos.

Mientras el espíritu estas cosas decía
el otro lloraba tanto que de piedad
yo vine a menos como si muriera;

y caí como un cuerpo muerto cae.

Ary Scheffer utilizó óleo sobre lienzo para pintar un retrato profundamente ambiguo de los amantes que son observados en el infierno por Dante y Virgilio. Mientras Francesca parece estar completamente absorta y entregada a Paolo, con el paño ligeramente cubriendo su forma, Paolo parece estar retorcido de dolor y sufrimiento, utilizando el paño por su izquierda para ocultar su rostro de las miradas de los poetas. Sin embargo, por su lado derecho abraza y agarra a Francesca, con lo que se potencia la ambigüedad entre el dolor y el amor en la muerte. Es en el vínculo de la muerte, el dolor y el amor donde el artista revela la verdad paradójica de la naturaleza humana. Gracia, emoción, dulces recuerdos melancólicos, el dolor de dos almas que al contar su desgracia tienen un cuerpo físico, pero en su apariencia pura de almas flotan y chocan con la ley de la gravedad y lo real.

La luz cae en diagonal desde el ángulo izquierdo iluminando la carne desnuda de los amantes y los paños que apenas los envuelven. Representan un conjunto triangular donde lo carnal, la pasión y el sufrimiento son el centro de la pintura. Dante y Virgilio, observadores de la escena desde la sombra, se compadecen de la pareja condenada al infierno.

La primera versión de esta pintura fue terminada en 1835, y se encuentra en la Wallace Collection de Londres. La segunda versión (1854) está en la Hamburger Kunsthalle, mientras que la tercera, terminada en 1855 se encuentra en el Museo del Louvre en París.

Héctor Martínez Sanz y “Mihai y Veronica”


por Diego Vadillo López


MihaiVeronica_cover3 (3)Héctor Martínez Sanz es el último neoclásico de nuestras letras patrias. En su temperamento resplandecen algunos de los principales elementos dieciochescos, época más controversial de lo pudiere parecer, pues acurruca en su seno a un Torres Villarroel, de quien Héctor posee ese rasgo populachero y cercano, hablamos del Notalpi más divulgativo. También el XVIII acoge a un Jovellanos, más grave y burocrático. Quizá Héctor estaría en la órbita de Cadalso, ya que, en el momento más inesperado, el prerromántico hacía un paréntesis en el ejercicio del recto racionalismo y escoraba hacia el luctuoso romanticismo de “Noches lúgubres”, como Martínez Sanz en “Mihai y Veronica”. Héctor nos tiene acostumbrados a un filtrado de los arduos asuntos de la especulación filosófica, por deformación profesional, la del docente que siempre está de guardia, y como anda entre la Grecia clásica y las corrientes existencialistas, le sale el Unamuno genético habitualmente y entrevera su doxográfica pasión en sus escritos de cualesquiera índole.

Como poeta, también percibo a nuestro autor claramente neoclásico en términos generales. Hablo de la poesía en verso, porque ahora ya he tenido, merced a la lectura de Mihai y Veronica, acceso al prosista poético.

Sí, Mihai y Veronica es una deliciosa pieza lírica en prosa. Pero no solo eso, que iremos viendo por qué, sino que también es un ensayístico viaje en pos de la anagnórisis; un intrínseco éxodo a través del sedimento lírico-filosófico-mitológico de un bardo que empatiza con otro y lo armoniza todo a través de esa agencia de viajes de lo sublime que es el estilo libre indirecto, muy presente a lo largo de todo el trayecto literario.

Como es costumbre en los escritos de Héctor Notalpi, a lo largo del texto van apareciendo multitud de referentes culturales de todos los tiempos semejando la obra, vista en ese prisma, una casa de tócame Roque humanística. Él, que, como decíamos, se ha ganado el cariñoso apelativo por algo, nos cerciora de todas y cada una de las visitas que ha recibido la novela, inventariando en unos anexos finales tan egregios cameos.

Eminescu, poeta rumano a quien va dedicado el libro, en fin… se puede dar por satisfecho por el cobertor de referencias a la cultura universal con el que Héctor ha arropado su sueño eterno, todo ello unificado a través de una inaudita capacidad armonizadora.

La dedicatoria, propiamente dicha, se desarrolla a través de la elevación del propio Eminescu hacia el papel protagónico.

Decíamos que Héctor se caracteriza mucho por incidir en la acotación aclaratoria, generando un discurso en paralelo a aquel del que brota este, secundario-aclaratorio; bien, pues tal lógica se produce en la trama argumental de Mihai y Veronica, ya que la novela es biplánica, transcurriendo la mayor parte de la misma por los bajos fondos, por las abisales profundidades del inframundo, viéndose abocado Eminescu a una búsqueda denodada, aventurera y discusiva; teniéndolas con los más terribles y desapacibles seres.

De manera semejante a la película Ghost pero con enjundia intelectual se nos refiere una pasión amorosa entre el más acá y el más allá, y no se nos refiere de cualquier modo, sino a través de un fino lirismo cuyos bucles gramaticales nos invitan a un sugestivo regodeo lecto-comprehensivo, placentero por demás.

La novela de Héctor Martínez nos remite una poesía superadora del mundo trivial; nos deleita con la mostración de una serie de incidencias intermundos.

Y no es gratuito reincidir en los valores poéticos de Mihai y Veronica; de manera casual, o por encerrar un temperamento poético nuestro autor, de repente, si caemos en la cuenta, el muy truhán nos está colando auténticos versos que, si los aislásemos del pasaje prosístico al que pertenecen, de manera autónoma, serían versos de gran poder embriagador. Veamos, por ejemplo, la siguiente secuencia:

Abajo el abismo parecía no agotarse. Y Mihai caía serenamente en lo profundo de lo desconocido, del lugar aquel donde no existen los amaneceres…

Bien, hasta el primer punto tenemos un alejandrino, seguido este de un endecasílabo; al final obtendríamos otro endecasílabo. Ergo se podría disponer quizá el pasaje aludido del siguiente modo:

Abajo el abismo parecía no agotarse.

Y Mihai caía serenamente

en lo profundo

de lo desconocido, del lugar aquel

donde no existen los amaneceres…

Así las cosas, quedaría comprobado el trasvase de una pulsión poética a un formato a priori no destinado a albergar tamaña elevación.

Aquí servirían la palabras de Miguel García Posada, referidas a Mortal y rosa, cuando hablaba de una “obra de orientación centrípeta […] donde sólo resuenan las voces interiores, los ecos de la propia intimidad conturbada” (Introducción a…, Cátedra, Madrid, 2001, página 23) y ello en el molde de lo que “de modo impreciso se entiende por ‘novela’, esto es, una historia articulada, de trama más o menos evidente, dentro de una poética de origen realista” (“Ibídem”, página 16), donde se exhibe un “estilo […] lírico o ensayístico, además de narrativo, y casi siembre elevado, grave” (“Ibídem”, página 42).

En el cosmos variopinto y armonizado entretejido por Héctor Martínez se puede observar también la interrelación entre la sintaxis y el discurso. Asido nuestro autor al riguroso proceder, no deja nada al albur de la casualidad, como el reformista ilustrado dieciochesco que es. Obsérvese el siguiente pasaje:

Mihai y el espectro de Ion se adentraron en el apretado y agobiante bosque de las almas en pena. En poco tiempo, Mihai se hallaba rodeado de las cadavéricas formas, que contra él arrojaban sus demacrados brazos. El hueco que el espectro despejaba a su paso rápidamente era rellenado por cientos de suplicantes sombras que cerraban el camino a Mihai. Asediado por lamentos y quejidos de los malditos, no lograba avanzar. Se veía sujeto y restregado por más y  más trémulas manos sin vida, acorralado por los semblantes desencajados…

Se advierte cómo la abigarrada sintaxis viene a otorgar la sensación de una atmósfera no menos abigarrada, que es lo que expresa el fragmento. Además se da la reiteración de los fonemas consonánticos vibrantes, hermanados en un batiburrillo lingüístico emparentado a las mil maravillas con el escenario narrado.

Todos los elementos tratados, e innumerables que aquí nos dejamos, encontrará el lector que ose adentrarse en el sugerente universo creado por Héctor Martínez (Notalpi) al abrigo de la estela del gran poeta Mihai Eminescu. “Mihai y Veronica”, de alguna manera, pertenece a la literatura de viajes, de esos viajes intangibles por un limbo para cuyo recorrido la novela ha de servir de guía turística.